Se trata de permanecer en el amor, para vivir la verdadera alegría
Queridos amigos de internet, hoy el Evangelio nos regala unas palabras de Jesús que, si las dejamos entrar en el corazón, pueden transformar toda nuestra vida:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15,9).
¿Te das cuenta de lo que significa esto? El mismo amor con el que el Padre ama al Hijo, un amor eterno, perfecto, incondicional… ¡es el amor con el que Jesús te ama a ti! No es una metáfora ni una forma bonita de hablar. Es una verdad profunda: somos amados con el mismo amor con que Dios ama a Dios.
Y ante tanto amor, Jesús solo nos pide algo: permanecer. No nos exige hazañas, ni perfección, ni que nunca fallemos. Nos pide quedarnos, estar, vivir en ese amor. Pero ¿cómo se hace eso? Él mismo nos lo expresa: guardando sus mandamientos, que no son otra cosa que caminos de amor. No es obediencia por miedo, sino por amor. Una respuesta libre y agradecida a quien nos ha amado primero.
Jesús nos habla de esto con un deseo muy claro: que su alegría esté en nosotros, y que nuestra alegría sea plena. No una alegría pasajera o superficial, sino una alegría que nace de sabernos amados profundamente, y de amar a otros con ese mismo amor.
Hoy quiero invitarte a hacer algo simple pero poderoso: permanece en el amor de Jesús. Vuelve a Él con confianza, aunque sientas que no lo mereces. Y deja que su amor sea tu casa, tu refugio, tu fuerza. Desde ahí, todo cobra sentido. Desde ahí, la alegría florece incluso en medio de las dificultades.
Que esta palabra de hoy sea un bálsamo para tu alma. Y que puedas decir con el corazón: “Sí, Señor, quiero permanecer en tu amor”.
Con todo mi cariño,
Daniel
Comentarios
Publicar un comentario